WORMHOLE. Cap.3

 

CAPITULO  3º

Su Maestro sabía del dominio que tenía Eunice del sable láser y su habilidad de enfocar la Fuerza, incluso rivalizaba en este aspecto con él.  Eunice  pasó las pruebas preliminares con una puntuación casi perfecta, y no tenía rival en su promoción. Era su orgullo.

Esa noche fue larga, muy larga para la padawan. Recordaba continuamente la postura de su Maestro y no olvidaba sus palabras críticas, aunque llenas de amabilidad y sabiduría. Desde que tenía noción de su existencia, su mentor  se comportaba omo si fuera realmente su verdadero padre, y aunque escondía esa afectividad, ella se percataba de ello.

El Consejo sólo quiere que estemos bajo su tutela y que acatemos los fundamentos de los preceptos Jedis. Los conocimientos y entrenamientos son básicos y necesarios, y de eso realmente estoy totalmente agradecida al la Orden, pero no nos preparan para lo que realmente hay fuera del Templo. Quieren que perdamos nuestro instinto natural y que nos convirtamos en artificiales. Piensan que es posible que un usuario de la Fuerza sin entrenamiento alguno tenga tanto poder como el más grande de los Jedis. Pero sin entrenamiento, creen que se acaba recurriendo a los instintos naturales. Es otra paradoja básica de ser un Jedi: los instintos que utilizamos hacen que no sean realmente instintivos, son el resultado de un entrenamiento tan intenso que el egoísmo, ira, miedo y demás, son sustituidos por los instintos Jedi de servicio, serenidad, generosidad y compasión.

Los instintos naturales aceptan la pasión y las emociones, pero eso no implica que caigamos en el Lado Oscuro. Aceptar lo que nos ha otorgado la naturaleza no es traicionar el código Jedi, ni abandonar sus valores. El ir aprendiendo hace que se cambie; y cuando más se cambia más se comprende, y de esta forma conseguimos  controlar  aquellas pasiones que nos llevan al odio y la desesperación. Eso es lo que estoy ahora experimentando y, ayer cuando estuve con el Magister Hal no advertí en él nada más que alegría de vivir y  una visión realista y esperanzadora  de nuestra existencia.

El Consejo nos quiere quitar eso. Creen que si no estamos continuamente bajo su control  usaremos la Fuerza por gratificación personal en beneficio propio. Su tutela hace que se conviertan los Jedi  en seres no moralistas ni espirituales.  Es ese su error. Básicamente quieren que seamos pragmáticos y prácticos. Convierten a los Jedis en seres altruistas no porque serlo sea bueno, sino más bien porque serlo es seguro. Piensan que emplear la Fuerza con fines personales es peligroso y, ponen la escusa de que en esa trampa puede caer hasta el más bueno, generoso y amable Jedi. Predican ese miedo y evitan perder así su poder. El poder de hacer el bien acaba siendo sólo poder. Poder desnudo. Un fin en si mismo. El Consejo quiere mantener su poder mediante la compresión, y mi curiosidad y formación me pide más, no pretendo ningún tipo de poder. No deseo convertirme en Sith, que asimismo mediante la compresión obtienen poder. El Potentiun es la alternativa y la más natural. Admitir sólo los sentimientos voraces o caritativos es falso, la cúspide de la alegría transcendental o el abismo  del odio y desesperación es una perspectiva fingida. Los extremismos no es mi futuro.

Eunice se relajó, lo necesitaba, y se colocó en posición de loto. Empezó a abrir su mente y una vez totalmente liberada empezó a escuchar y a recibir los consejos de la Fuerza. La decisión estaba tomada.

Al alba del día  siguiente la padawan recogió sus pocas pertenencias. Se pasó, antes de la llegada de su Maestro,  por la Sala de los Archivos Jedi en donde últimamente pasaba la mayoría de su existencia.  Le dejó en su mesa un datapad con un holomensaje en donde exponía los motivos de su marcha y agradecida eternamente su cariño y, como marcan las reglas de la Orden,  también depositó en ésta su sable láser de aprendiz.  Definitivamente abandonada la Orden Jedi y con la cabeza bien erguida, y sin mirar atrás, salió del Templo Jedi.

En la aurora de este nuevo día había nacido un nuevo inquilino en la capital de la galaxia. Eunice emergía y se presentaba al mundo, y no como una padawan con preceptos impuestos, sino como un ser libre.

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Al tocar el suelo del planeta sintió que la Fuerza era muy potente en él, pero era la versión más corrompida y siniestra que había conocido nunca.

La oscuridad fue absoluta e instantánea. Todo se volvió silencioso, pero al mismo tiempo putrefacto y traidor.  El miedo apareció y de eso se alimentaba el lado oscuro.

Todo eran emociones negativas, un hábitat todo lleno.Depredadores de tu cuerpo y de tu mente. Consumidores ávidos y ansiosos de vida. La pestilencia Sith era perenne. Redan adoptó la única solución posible: convertirse en nada, hacerse transparente en cuerpo y espíritu, desaparecer.  Los sith quieren relegarme del lado luminoso, pero no lo conseguirán. El universo es frio, grande y oscuro pero siempre hay un punto luminoso, aunque sea uno y, esa era la única esperanza de Redan.

Meticulosamente, una renacida y regenerada Redan empezó a existir, quark a quark, partícula a partícula, todo empezaba nuevamente a tener forma. Volumen, masa, calor. Todo entalpía y nula entropía. Ya no percibía odio, ni ira, ni rabia, tampoco maldad o poder, aunque estaban presentes  e impregnaban toda la atmósfera del planeta. Su concentración en las disciplinas mentales a la que había dedicado toda su vida hizo superar el miedo.

Se enfrentó a su propia oscuridad, y aprendió que no debe temerse el poder de la oscuridad. Había aprendido que lo que da poder a la oscuridad es el miedo. No estaba asustada, ya la oscuridad no tenía poder sobre ella.

Embebida en serenidad, su capacidad de concentración era absoluta. Estaba inmersa en la luz de la Fuerza y allí permanecería hasta acabar su misión.

En la lejanía, detrás de las sombras del bosque pétreo, divisó destellos. Fogonazos púrpuras, líneas plateadas y llamaradas escarlatas. Mucho fuego rojo entre tenues pinceladas blanquecinas. Era MM contra un ejército de sombras. Otra estrella en el frio y  oscuro Universo de Vjun.

Redan corrió, impulsada por la Fuerza, con el lado oscuro vociferando a su alrededor, rodeando y hostigando su aura de luz, pero la opacidad era incapaz de conseguirlo,  era incapaz de apagar la llama de su corazón. Morta Marek era el big bang que le daba fuerzas a Redan. El apego podía debilitar la determinación de una Jedi, pero en este caso la reforzaba. Redan y MM se había compenetrado formado un vínculo de la Fuerza, una Force Signature.

Atravesó el  bosque y la meseta áspera y estéril. Su haz de luz esmeralda empezó chocar contra el púrpura. Su avance no cesaba, tampoco sus víctimas. Apenas tenía tiempo de recuperarse en cada asalto. Tomaba aire, reforzaba sus defensas y se preparaba para el siguiente. No importaba su estilo de lucha, ni sus quemaduras, ni la persistente e intensa lluvia ácida, ni su fatiga en la lucha, porque Redan y la Fuerza se habían fusionado.

El enfrentamiento llegaba a su fin. Cinco de los siete Sith habían caído y MM y Redan pudieron derrotar a los que quedaban, no sin alguna que otra complicación, pero la agilidad de la combatiente echani y la concentración en la lucha de la Jedi fueron determinantes.

“Cómo me alegra verte. Sabía que vendrías, pero la próxima hazlo más deprisa o sólo encontradas mis restos esparcidos por algún horrible planeta como este”.  Dijo MM con satisfacción en el rostro. Apagó el sable láser y lo enfundó  al igual que la espada de huesos de rancor que también utilizó con su otra mano en la confrontación recién terminada. A Morta le gustaba luchar con armas en ambas manos.

MM se miró la pierna. Tenía un corte limpio que requeriría sanarse, pero no ahora, ya que esa herida no le impedía dejar de moverse con cierta soltura. <Si era capaz de sobrevivir a los acontecimientos que se le avecinaban ya tendría ocasión de curarse adecuadamente>, pensó con resentimiento.

“Si alguna vez le pones un nombre a tu sable láser, ya tengo uno apropiado. Llámalo Hope”.

Redan acuclillada por la fatiga y controlando su elevada adrenalina, no le contestó, pero estaba de acuerdo. <Siempre quiso ponerle un nombre a su sable de haz de luz verde, y Hope era acertado>, razonó. < Además para MM ciertamente mi actuación fue su única esperanza para poder sobrevivir. Los Siths eran numerosos para ella sola, pero no parecían que lucharan con gran maestría; quizás fueran inexpertos acólicos que protegían a un lord superior>, pensó con preocupación.

“Creía que eras lenta en el uso del sable, pero de ingenio rápido. Sin embargo hoy no ha sido así” , le dijo MM a la Jedi.

“Supongo porque no soporto el aura de oscuridad  existente en el planeta, pero aún menos esta lluvia. Me crié en un planeta seco y todavía no controlo un clima húmedo”,  le musitó Redan con el ceño fruncido y calada hasta los huesos.

Ambas féminas se encontraban próximas a la agreste oquedad de entrada a una sima. Se dirigieron a ella y agradecieron dejar de mojarse. A pesar de lo laberíntica que podía ser la cueva, por los numerosos túneles, cavidades y trampas ocultas que encontraban, Redan la había memorizado por el datapad encontrado en Coruscant y sabía el recorrido correcto a seguir.

Llegar al final no iba a ser fácil, pero de momento no se habían vuelto a encontrar con nadie. <Eso no era bueno>, especularon silenciosamente las dos. 

 

Continuará………